lunes, 3 de febrero de 2014

Busco el equilibrio entre lo que me dice el oído y el corazón

Kazushi Ono, director de la Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC). /CONSUELO BAUTISTA

“Busco el equilibrio entre lo que me dice el oído y el corazón”
"La clave es que los músicos se escuchen unos a otros”

           JAVIER PÉREZ SENZ Barcelona 

Los músicos de la Simfònica de Barcelona y Nacional de Catalunya (OBC) deberán afinar el oído en los ensayos. Su próximo director musical, el japonés Kazushi Ono (Tokyo, 1960), que relevará a Pablo González en septiembre de 2015, habla muy poco y lo hace en voz baja: le basta susurrar una palabra para corregir un fallo o pedir un matiz. No pierde el control ni en los momentos de mayor tensión musical. Al contrario, transmite seguridad y paz espiritual, cualidades muy útiles en el oficio de dirigir orquestas. “El secreto es saber escuchar y buscar el equilibrio entre lo que te dice objetivamente el oído y lo que te dice el corazón”, afirma el músico japonés.
Cuando ves dirigir a Ono lo primero que llama la atención es su poder de concentración. Hay pasión y energía en sus interpretaciones, pero sabe controlar muy bien las emociones. “Juego con ventaja, porque de niño aprendí a controlar mi carácter en casa. Mi madre es profesora de la ceremonia del té, un ritual que ayuda a encontrar la paz interior y facilita la concentración. Lo esencial es dejar fuera el egoísmo y buscar la conexión con la naturaleza, dejar que la meditación profunda deje volar lo mejor que hay en tu interior”, explica.
“En la música, encuentro también esa fuerza interior, esa capacidad de emocionar a los demás a través del pensamiento de un compositor”, añade Ono. “Creo sinceramente que la música tiene efectos balsámicos y curativos, ayuda a superar las tensiones y los nervios de la vida diaria y puede aliviar a personas que sufren enfermedades y tienen graves limitaciones. La magia de la música puede lograrlo”, afirma.

Mozart, Beethoven,
Schumann, Brahms
y Schubert tendrán
peso en su dirección
Habla con devoción de maestros con los que aprendió el oficio, como Wolfgang Sawallish, de quien fue asistente en Múnich, durante sus primeros años en Europa; Leonard Bernstein y Seiji Ozawa, con quienes estudió en Tanglewood. Y Carlos Kleiber, uno de sus ídolos: “El acceso a sus ensayos estaba prohibido, pero a veces conseguía colarme con algunos amigos y, para no ser expulsados de la sala, permanecíamos agachados tras las butacas. Y era maravilloso ver cómo se comunicaba con los músicos cantando las frases tal y cómo quería que ellos la tocaran”.
Ono asegura que, al final, la clave para hacer que una orquesta funcione es saber escuchar. “Cuando estás delante de cien músicos que, lógicamente, tienen ideas propias y tanto ego como el que más, la única fórmula para llevar a buen puerto una interpretación es encontrar la armonía, la atmósfera necesaria para relajarse y disfrutar el enorme privilegio de hacer música juntos”, comenta con voz pausada y puntualizar: “La clave es que los músicos se escuchen unos a otros y sean conscientes de que la interpretación de una obra es una tarea colectiva”.
Antes de asumir el timón musical de la OBC, debe terminar su contrato como director musical de la Ópera de Lyon, que finaliza este año, y continuar su labor al frente de la Sinfónica Metropolitana de Tokyo. Tras los conciertos de este fin de semana en el Auditori, con obras de Richard Strauss y Toru Takemitsu, habrá que esperar a enero de 2015 para volver a verle en acción al frente de la OBC, con un programa que incluirá el estreno de una nueva partitura del compositor catalán Benet Casablancas. “Siempre estudio e interpreto música de autores del país en el que trabajo, es una obligación pero también un placer, porque descubres personalidades fascinantes”
Mozart “es mi gurú musical”, pero también adoro a Beethoven, Schumann, Schubert y Brahms, que tendrá especial relevancia en sus temporadas. Y posee especial afinidad con los clásicos del siglo XX, como lo ha demostrado durante sus años como director musical de La Monnaie de Bruselas, en su actual etapa en la Ópera de Lyon o en sus actuaciones recientes en los festivales de Glyndenbourne y Edimburgo: “Me siento muy cómodo dirigiendo Stravinsky, Ravel, Britten, Shostakóvich o Messiaen, de quien espero dirigir en Barcelona su maravillosa Sinfonia Turangalila. Pero también quiero hacer clasicismo y romanticismo, y entre mis planes figura La creación, de Haydn”.
El pianista Nicolai Lugansky, los violinistas Franz-Peter Zimmermann y Vadin Repin y el violonchelista Daniel Müller-Schott, son algunos de los solistas con los que más disfruta “el placer de hacer música”, y piensa trabajar con ellos en las temporadas de la OBC.